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Alligator
No son frecuentes los cocodrilos por estos lares y menos aún los alligators. Y sin embargo, pueden usarse para jugar en bolsa, con resultados razonables.
Para seguir la evolución en bolsa de un valor concreto en el corto plazo conviene tener una idea clara del comportamiento que está siguiendo su precio. Lógicamente el precio de mercado del valor estará influido por el comportamiento general económico y, por consiguiente, por el mundo macroeconómico como también estará influido por el comportamiento específico del sector en que se mueve la empresa.
El precio de la acción mantendrá también una relación con los fundamentales, es decir, estará expresando de alguna forma la capacidad de la empresa de alcanzar beneficios, de ofrecer unas perspectivas futuras interesantes, de crecer y expansionarse en su propio mercado y de cumplir con sus obligaciones presentes y futuros.
Los fundamentales del valor acaban necesariamente pesando sobre su precio, de forma que tarde o temprano el precio se moverá de acuerdo con ellos. Pero generalmente será más bien tarde que temprano, porque aunque el vínculo entre las virtudes o defectos de la empresa en su negocio y su precio indudablemente existe, es como las modernas cadenas que unen al perro con su amo, capaces de estirarse o encogerse dando un margen de libertad al fiel acompañante en el paseo. Aunque la jungla bursátil es muy variada, en el análisis fundamental no se contempla el uso de saurios.
En el corto plazo el precio se mueve en razón a las noticias, los rumores, las presiones, las inquietudes, las expectativas y el sentimiento que se están formando los agentes en el mercado. El precio está incorporando toda la información que conoce el mercado sobre el valor y sobre los hechos que influyen sobre la empresa. Para el analista técnico toda la información está incorporada en el precio, por lo que no es necesario fijarse en los fundamentales, observar las características del negocio o analizar las perspectivas futuras de la empresa. El precio recoge ya esa información y, en consecuencia, fijándose en la evolución del precio en sí puede obtenerse algún provecho.
La pulsión entre compradores y vendedores, el forcejeo entre unas y otras fuerzas, hace que el precio fluctúe, subiendo o bajando, en un permanente baile. En ese baile de las cotizaciones puede distinguirse, sin embargo, la tendencia, fijándose más que en el precio en sí en la media móvil del precio, que no es más que el promedio de los precios de los últimos días. Lógicamente, la idea de últimos días puede recoger más o menos cantidad de días. Cuanto más días se tomen para calcular el promedio menos importancia tienen las oscilaciones diarias y más se está destacando la tendencia.
Bill Williams, prestigioso analista técnico, imaginó en uno de sus sueños escritos para inversores un alligator, que es una especie de cocodrilo, con las medias móviles de los precios para los últimos 5, 8 u 11 días, y supuso que esas medias representan los dientes, los labios o la mandíbula del cocodrilo.
Con la idea de Williams puede utilizarse al cocodrilo para ir de caza. Se trata de observar las medias móviles del precio de un valor y decidir comprarlo, cuando el cocodrilo tiene la boca bien abierta, lo que ocurre cuando los dientes son mayores que los labios y éstos a su vez mayores que la mandíbula.
Por el contrario, cuando el cocodrilo cierra la boca conviene vender, saliendo del valor, no vaya a ser que los dientes estén encima afilados.
Enrique Ibañes, en fecha anterior a octubre de 2002, a título personal.
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