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Los caminos de
la Bolsa
Intentar analizar el comportamiento de la bolsa es siempre una materia dificil y
resbaladiza, donde tarde o temprano el traspiés es posible, dando al garete con las
alegrías producidas en momentos de buena coyuntura. En tanto que se han elaborado mil y
una formas de intentar predecir el comportamiento bursátil, desde apoyarse en el tamaño
de las faldas de las mujeres, como síntoma expresivo del ciclo económico hasta atender a
las manchas solares por su repercusión en la meteorología, los sistemas de análisis con
verdadera influencia sobre los participantes en los mercados han quedado basicamente
reducidos al punto de vista fundamental o al
punto de vista técnico.
Cada uno de esos dos sistemas de
análisis se han llenado de mil y un instrumentos para conseguir su propósito. Cuando el
camino seguido son los fundamentos, los analistas se agotan literalmente en mil y un datos de las empresas bursátiles
objeto de estudio, atendiendo a sus balances pasados, presentes y futuribles, revisando
las perspectivas de los negocios, contemplando los más variados escenarios para las
cuentas de pérdidas y ganancias futuras de las empresas y elaborando toda clase de ratios
para valorar la evolución de la gerencia, con la idea, casi siempre vana, de que el
precio al que habrá de valorarse la empresa en bolsa no podrá diferir mucho de aquel que
deriva de los propios fundamentos en que se asienta la empresa.
Por el contrario, los que analizan bajo
el punto de vista técnico, pasan por alto cualquier referencia al negocio en que se basa
la empresa, se olvidan de cualquier escenificación de las posibles ganancias y atienden a
la mera evolución de los precios en bolsa de las empresas, convencidos de que toda
información relevante ya está incorporada en él.
De entre ambas técnicas de análisis, ha sido
la técnica la que ha dado un salto cuantitativo y cualitativo desde que se difundiera la
tecnología de los ordenadores, porque sus retorcidos estudios del comportamiento de los
precios, derivando de ellos cientos de indicadores, se han abaratado sustancial y
radicalmente al disponer de esa herramienta.
El febril mundo de los analistas técnicos no ha parado un momento de crear toda clase de
artilugios matemáticos con la finalidad de obtener de ellos alguna información que
permita aprovecharse del comportamiento de los mercados.
El análisis técnico ha construído dos
grandes grupos de indicadores. Unos de ellos, pretenden anticiparse al mercado, adivinando
hacia donde va a evolucionar el precio, con el consiguiente riesgo de predicción errónea
en razón a señales que se presumían indicativas y resultan ser finalmente falsas. Los
otros, pretenden simplemente ser puros seguidores de tendencia, intentado deducir del río
revuelto de las cotizaciones, siempre sujeto a fluctuaciones confusas, casi aleatorias,
cual es el comportamiento que realmente persiste. Esos indicadores están sujetos también
a interpretar erróneamente señales falsas pero, no siendo su objetivo adelantarse al
mercado, suelen ser más fiables, siempre que se acomoden específicamente a las
características concretas del mercado. A pesar de la abierta imaginación de los
analistas técnicos, aún no ha surgido el indicador todo-terreno capaz de salir vencedor
de todas las batallas, sino que es necesario utilizar cada vez el arma específica que
resulta más apropiada para el particular escenario. Así, el análisis técnico se
convierte en un arte donde la intuición del analista eligiendo las herramientas más
afinadas al caso resulta de vital importancia. Y aunque eso por ahora es obligado, resulta
aún un camino tortuoso y dificil al que pueden acceder escasos peregrinos.
Los caminos están trazados pero aún
les queda mucho para llegar a ser auténticas autopistas bursátiles. Tiempo al tiempo.
Enrique Ibañes, en fecha anterior a octubre de 2002, a título personal.
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