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VÍCTIMAS, INVERSORES Y GOTAS MALAYAS

 

Cuando el Mayor General Campbell dedicaba su vida a pacificar el Imperio Británico en la India, en las primeras décadas del ya lejano siglo XIX,  encontró que las tribus del Khondistán y las de las regiones limítrofes de Goomsur, Boad o Jeipor, adoraban al dios de la tierra Tado Pennor, y para asegurarse abundantes mieses le inmolaban periódicamente víctimas humanas.

Lo peculiar de las víctimas, llamadas meriahs, que podían ser tanto hombres como mujeres,  era su resignación y su procedencia. No se trataba de prisioneros de guerra, o de delincuentes, sino que debían ser necesariamente comprados para el sacrificio. Por tal motivo se había creado un mercado de largo plazo en torno a ello, con inversores especialistas, los sirdars, que se encargaban de adquirir los meriahs tiernos y jóvenes a sus padres para educarlos durante años y mentalizarlos día tras día, como una gota malaya,  para aceptar su fatal destino: ser vendidos para su sacrificio ritual.

Dado que la demanda de inmolaciones era alta, los sirdars mejor considerados eran aquellos que se proveían sistemáticamente de meriahs, pagando siempre una misma cantidad,  porque aseguraban un flujo regular de sacrificios sin tensiones en el mercado.

Han pasado muchos años y el propio Campbell se encargó de eliminar esa terrible práctica, antes de seguir sus aventuras en China o Crimea. Ahora ni allá ni aquí se hacen sacrificios rituales para obtener la gracia de los mejores frutos. Pero tanto aquí como allá, las gentes se cubren frente a la incertidumbre de las mieses futuras mediante el ahorro.

Los inversores de largo plazo se encuentran así en la necesidad de comprar valores periódicamente, sea directamente en las Bolsas o sea a través de fondos de inversión, o en fondos de pensiones, acumulando, cual si reuniesen meriahs que deban ser mentalizados, pequeñas inversiones  capaces de generar plusvalías e intereses para, alcanzado el momento propicio, rindan con su venta los frutos esperados.

Una manera sencilla y eficiente de realizar esas inversiones es la de efectuar las compras sin acomodar el monto y el momento de realizarlas,  sino efectuarlas de forma periódica fija, siempre por la misma cantidad de dinero, independientemente del precio, como los sirdars reputados y no por asegurarse un flujo regular de víctimas propiciatorias, sino porque manteniendo una técnica de compra periódica fija de igual importe, las compras a precio alto son compensadas por las compras a precio bajo, lo que evita tomar decisiones de compra discrecionales sujetas a considerables márgenes de error en la decisión del momento oportuno.

Con tal técnica el inversor de largo plazo actúa invirtiendo gota a gota, en gotas de igual importe. Como consecuencia, compra pocas acciones, valores o participaciones cuando su precio es caro, mientras que compra muchas más, con la misma cantidad de dinero, cuando su precio es bajo, lo que constituye un comportamiento racional que puede resultarle provechoso.

Ni que decir tiene que tal técnica requiere coraje, porque exige invertir periódicamente, aunque el inversor vea que el mercado está tendencialmente bajista. Y también requiere prudencia y acierto  en la elección del monto y periodo de tiempo fijos a invertir, porque si bien es cierto que el inversor se puede aprovechar de su goteo, otra gota malaya, el comisionista que le realice las compras,  persistente, implacable, le acompañará siempre en la compra de sus meriahs.

 

Enrique Ibañes, en fecha anterior a octubre de 2002, a título personal.


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