Libanes Web
|
La fuerte
variabilidad diaria en las cotizaciones era antes tema reservado a los valores
considerados como chicharros, de baja capitalización y bruscas reacciones en su
comportamiento. Pero la oscilación de las cotizaciones ha alcanzado al resto de
los valores, incluso a los mejor considerados en los distintos mercados, de
forma que los índices más selectivos, como el Ibex-35, presentan actualmente
una acusada volatilidad.
Siguiendo el
canon anglosajón, los mercados financieros han tendido a ser paulatinamente en
los últimos decenios el sistema de financiación empresarial, descabalgando de
su posición privilegiada a la banca, en un lento proceso de desintermediación
financiera. Sin embargo, el pinchazo de la burbuja vivido en los últimos años,
está retirando del campo de batalla al capitalismo popular y sembrando de minas
el sendero de la financiación directa empresarial a través de los mercados. En
tal sentido, a volatilidad no ayuda, precisamente, a despejar el camino sino
que, antes al contrario, profundiza aún más la herida.
Detrás de la
volatilidad hay, por supuesto, incertidumbre, de la que andamos sobrados en
estos tiempos de convulsión política planetaria. Pero además de ello, la
volatilidad parace haber venido para quedarse en el sistema, porque responde
también a la adaptación de los mercados a nuevas circunstancias que decenios
atrás no se contemplaban.
En primer
lugar, se ha producido un salto tecnológico que ha modificado radicalmente el
coste de operar racionalmente en los mercados. La tecnología permite ahora
realizar análisis rápidos y de bajo coste sobre el comportamiento de las
cotizaciones y ayuda a tomar decisiones mediante sistemas computerizados que
facilitan o realizan directamente la compra y venta de valores. Esa rapidez del
tráfico agudiza las reacciones a noticias relevantes, amplificando su
resonancia.
La facilidad de acceso a los
mercados, la rápida difusión de su información y sus bajos costes de
transacción introducen también un sesgo cortoplacista en los inversores, que
ven más accesibles horizontes de inversión puramente especulativos, de muy
corto plazo, siguiendo más directamente la evolución de los mercados. Esa
tendencia a la inversión a corto plazo también acentúa la variabilidad de las
cotizaciones, convirtiéndolas en más volátiles.
La propia
reacción defensiva frente a la volatilidad
tiende también a acentuarla. La inversión más conservadora demanda
productos de bajo riesgo, lo que obliga a los intermediarios a ofrecerles
productos que, sin alejarse de los mercados financieros, garanticen
rentabilidades. Para conseguirlo se diseñan productos garantizados mediante
recurso a la renta fija y a la compra de opciones que limiten la pérdida si el
mercado baja pero no tengan restricciones a las ganancias si el mercado sube. En
el lado contrario, los vendedores de esas opciones, que arriesgan perder si el
mercado es alcista, procuran a su vez cubrirse frente a ese riesgo comprando
automáticamente acciones si suben, para compensar de esa forma sus pérdidas si
se ejercen las opciones. Así, el miedo a la volatilidad y la aversión al
riesgo provocan a su vez un efecto de caja de resonancia. Cuando el mercado
sube, hace que los que están detrás del sistema de garantías tengan que
comprar y cuando baja tengan que vender. Así, el pez se muerde la cola y la
volatilidad del precio de las acciones está realmente asegurada.
Enrique Ibañes, en fecha anterior a octubre de 2002, a título personal.
Contactar con el Webmaster. - Somos solidarios y utilizamos correo benefico benmail.